Volviste, vieja amiga. Y no viniste sola, viniste acompañada. En medio segundo, con mi debilidad, te hiciste una panzada. Te asomaste, te ví. Peinada, arreglada, perfumada y lista para abrazarme con todo. Yo, en cambio, te vi asomándote y me empecé a preocupar porque no había dormido bien, perfume no tenía, ni sabía que venías. Hasta telarañas tenía. Entrecerrados mis ojos, te abalanzaste y me encaraste. Perdí de movida, inseguro, triste, cansado me veía. La guardia baja, vos tremenda, me viste así y en mí te quedaste. Lejos de abrazarte, de vos quería escaparme, pero mientras más quería escaparme, más encima te tenía. Tu perfume casi que era el mío, tu revolución era la mía, yo que seguro me creía. Mi cabeza entró como un caballo; fue una ametralladora en medio segundo, que todavía me deja el corazón latiendo fuerte. ¡Insoportable, andate! Le decía luchando cara a cara. Se puso brava, el perfume era amargo. Se reía. La alejé un poco y me reí. Me reí de mí. Me reí de vos Se...