Volviste, vieja amiga. Y no viniste sola, viniste acompañada. En medio segundo, con mi debilidad, te hiciste una panzada. Te asomaste, te ví. Peinada, arreglada, perfumada y lista para abrazarme con todo. Yo, en cambio, te vi asomándote y me empecé a preocupar porque no había dormido bien, perfume no tenía, ni sabía que venías. Hasta telarañas tenía. Entrecerrados mis ojos, te abalanzaste y me encaraste. Perdí de movida, inseguro, triste, cansado me veía. La guardia baja, vos tremenda, me viste así y en mí te quedaste.
Lejos de abrazarte, de vos quería escaparme, pero mientras más quería escaparme, más encima te tenía. Tu perfume casi que era el mío, tu revolución era la mía, yo que seguro me creía. Mi cabeza entró como un caballo; fue una ametralladora en medio segundo, que todavía me deja el corazón latiendo fuerte. ¡Insoportable, andate! Le decía luchando cara a cara. Se puso brava, el perfume era amargo. Se reía.
La alejé un poco y me reí. Me reí de mí. Me reí de vos Señor. Bah, me dí ternura, me vuelve loco tu pedagogía. Sí, era ella, la soledad que me abrazaba con toda su amargura. Soledad insegura, triste, cansada, celosa, amarga, aburrida. Así estaba. Sonó hakuna y mi corazón se aceleró, se encendió. Me perfumé, me preparé, me peiné, me paré. Congelé a la amarga amiga que venía a hundirme. La miré de lejos y me di cuenta que quería bailar. Lo distinto fue cuando puse yo la canción. Yo elegí con qué ritmo bailar, yo elegí que quería disfrutar. Yo elegí que quería pasar con ella un rato porque era necesario, pero a mí modo, porque cuando me alisté, me di cuenta que no estaba solo. Ese es ÉL modo, ese es SU modo.
Es amarga, más vale, es dura, sin dudas. Pero no es más, que bailar un buen tema con soltura. Para hallar a Dios hermosamente acompañando a la soledad con toda su amargura. Abracé esa soledad acompañado del que ya me estaba esperando. No estaba solo, estaba distraído. No estaba sólo, estaba nublado.
No estaba sólo, estaba con Jesús al lado.
Ahora estoy preparado, ya perfumado, aunque un poco transpirado. No te voy a mentir: bailar con ella te deja cansado. Sin embargo, no bailo solo, bailo con Jesús al lado.
JR.

Comentarios
Publicar un comentario