Hay tanto dolor, hay tanto miedo, hay tanta tristeza, hay tanta desesperación, hay tanta preocupación, hay tanta frialdad, hay tanta angustia a flor de pecho, hay tanta soledad, hay tanto llanto, hay tantos gritos ruidosos y silenciosos de voces que no son escuchadas y son directamente calladas, hay tanta fragilidad, hay tanta incertidumbre, hay tantas muertes, hay tanta distancia, hay tanta herida todavía sangrando, hay tanto silencio, hay tanto abandono, hay tantas cosas no trabajadas que son tapadas con disfraces que a fin de cuentas se gastan y se echan a perder, hay tantas adicciones, hay tantas personas perdidas, hay tanta pobreza, hay tanto orgullo… Sí, es angustiante. Y me quedo corto al mencionar la cantidad de cosas que cargan y llenan de trabas la esperanza en alguien que quiere salir adelante y a cada instante se topa con la empatía por algunas de estas cosas en este mar de angustias, o “valle de lágrimas”, como se lo llama en alguna oración católica a la virgen con...