Hay tanto dolor, hay tanto miedo,
hay tanta tristeza, hay tanta desesperación, hay tanta preocupación, hay tanta frialdad,
hay tanta angustia a flor de pecho, hay tanta soledad, hay tanto llanto, hay
tantos gritos ruidosos y silenciosos de voces que no son escuchadas y son
directamente calladas, hay tanta fragilidad, hay tanta incertidumbre, hay
tantas muertes, hay tanta distancia, hay tanta herida todavía sangrando, hay
tanto silencio, hay tanto abandono, hay tantas cosas no trabajadas que son
tapadas con disfraces que a fin de cuentas se gastan y se echan a perder, hay
tantas adicciones, hay tantas personas perdidas, hay tanta pobreza, hay tanto orgullo…
Sí, es angustiante. Y me quedo corto
al mencionar la cantidad de cosas que cargan y llenan de trabas la esperanza en
alguien que quiere salir adelante y a cada instante se topa con la empatía por
algunas de estas cosas en este mar de angustias, o “valle de lágrimas”, como se
lo llama en alguna oración católica a la virgen conocida.
Noticia tras noticia negativa nos
invaden y penetran en nuestros corazones y almas, dejándonos sin espíritu de
vida. Es como si noticia tras noticia, un dementor (chequear con Harry Potter),
nos va dejando sin alma, sin más ganas que quejarnos y angustiarnos por lo que
está pasando, o bien, tensionarnos hasta contracturarnos hasta las pestañas de
tanta amargura tomada como don. “Es lo que hay”, “no se puede hacer nada”, “el
mundo es así, no podemos hacer nada”, “la argentina siempre fue así, un
desastre”, “nos tienen manipulados con esto del covid”, y así podría seguir sumando
frases en el simple transcurrir de los días. Si no se muere uno, se está por
morir y hay angustia. Si a alguien no le robaron, le están por robar, si
alguien no fue atropellado, es porque lo están por atropellar… Así vivimos. Así
de tensionados. Así de cargados de ansiedad. Así de sin vida, anhelando una muerte
en sentido negativo que todavía no llega, pero que está por llegar en cualquier
momento. Y el que no ve esto, es porque está cegado a la realidad que lo rodea.
Hoy me permito hacer un parate en
medio de esta continua angustia; de esta vida angustiante. ¿Y por qué no hoy? ¿Porque
la pandemia nos está asechando y liquidando material y espiritualmente? ¿Por
qué me va a ganar la pandemia para poder frenar y respirar un poco entre tanto hollín
que respiramos?
En modo muerte vivimos. En modo
muerte nos lamentamos que con esa persona que se fué no compartimos tanto como
nos hubiese gustado. ¡¿Por qué?! Porque nos da miedo vivir en clave de vida y
no de muerte. Vivir implica vencer a la muerte TODOS LOS DÍAS y esto no se
realiza sin esfuerzo, ya que, para vencer a la muerte de la fiaca, hay que
levantarse de la cama; para vencer a la muerte de la soledad, hay que oponerse
al orgullo y llamar a un amigo/a para charlar.
Para vivir hay que morir recita
una canción, y es verdad. Hay que morir a uno mismo y vivir. Pero ojo, este
morir no es un morir en sentido negativo, significa un morir a un bien menor
(muchas veces egoísta), para llegar a ese bien mayor, que conlleva una
explosión de Amor, porque esa vida no es nuestra, sino que viene de lo alto.
No sé en dónde escuché, la verdad
no recuerdo, pero me quedó esta frase: “¡Morite de amor cagón!”, así textual,
con signos de exclamación, pero no porque quedan lindos esos signos, sino porque el Amor
hace más ruido que todas las cosas negativas que nos abundan en el bondi, en el
tren, en el subte o en la calle.
Es verdad que respiramos y
emanamos hollín de nuestros días diarios, pero hoy, tenemos la
oportunidad de respirar un soplo distinto. Hoy tenemos la oportunidad de
dejarnos soplar por el espíritu santo que nos dio la vida y que nos sigue
apapachando desde siempre hasta toda la eternidad. Pedile que te apapache en
este día de bajones que andás teniendo y vas a ver cómo, al ser una oración del
corazón, te va a escuchar. El Padre que está arriba de todo siempre escucha y
no te deja solo, por más que en el momento nos parezca que lo que vivimos no
tiene sentido.
Hoy tenemos la oportunidad de
cambiar el mundo; nuestro mundo. Hoy podés morirte, pero morirte de Amor con el
Espíritu Santo de tu lado.
Por esto y porque quiero que hoy podamos
respirar el soplo del Espíritu Santo, te invito a que te mueras en el día a
día, pero por Amor y no sólo eso, sino que con el Espíritu Santo.
Es la única muerte que muere y resucita
por, con y en este Espíritu.
Para terminar, te dejo un testimonio de una señora a la cual le llevé la comunión el otro día y que me quedó grabado en el corazón. La señora me contaba lo siguiente:
“Yo era una persona que toda mi vida se la entregué a la Iglesia, siempre estaba metida ahí 24/7. Llegaba a la mañana y me iba como a las 23hs. En fin, todo el día ahí. En un tiempo de mi vida, para mi pesar, me agarró artrosis y ya iba menos, porque no podía andar cómo antes. Se me dificultaba mucho el andar. Un día 25, volviendo de la parroquia, habiendo estado todo el día sirviendo para la parroquia, volviendo a mi casa con el bastón, me caigo y me doy de lleno las rodillas y la cara en la vereda. Automáticamente se acercaron dos hombres, me dejaron una silla porque no me podía parar por un fuerte dolor que me había provocado la caída en la pierna (yo pensé que me había quebrado). Logro sentarme con ayuda de estos hombres que amablemente se acercaron y en eso pensaba y me enojaba, diciendo: ¿por qué me pasa esto virgencita, si yo te estuve sirviendo todo el día y estuve a tu lado siempre, por qué me haces esto? Entre este enojo y el dolor en la pierna que al final era un desgarro, fui al hospital y me hicieron los mil y un estudios (porque soy una persona grande y a las personas grandes, por las dudas le hacen todos los estudios posibles). En esto que me hacen los estudios, descubren que tenía un tumor en el hígado, el cual me lo tuvieron que sacar porque si bien era benigno, estaba lleno de líquido y si eso se explotaba, no la contaba más. Bueno, me sacan el órgano y el médico, cuando quiere agarrar el tumor, ni bien lo toca, se le explota. Esto quiere decir que estaba a punto de explotar con cualquier mínimo choque o lo que fuere ese tumor. Ese día aprendí porqué me había golpeado y que estaba en las manos de Dios.”
Repito, te invito a que te mueras en el día a día, pero por Amor y no sólo eso, sino que con el Espíritu Santo.
JR.

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