Ir al contenido principal

Hablemos en serio

 


Hoy me quiero poner serio. En serio. Hace un tiempo largo que vengo rezando mucho éstas cosas que hoy te quiero compartir. Hace un buen tiempo que rezo con todas estas cosas y que hoy en el contexto de un retiro y de cosas de la vida, me empujaron a poder escribirlas.

Voy a hablarte personalmente, es decir, te escribo a vos, a nadie más. Quiero que esta sea una carta que te llegue de mis manos a las tuyas, hagamos de cuenta que nadie más la está leyendo ni recibiendo. Es para vos. Con ésto no quiero decir que las cosas que te voy a compartir no sean para mí también. Al contrario, soy el emisor y el receptor también.

En este poco tiempo que voy viviendo, en estos 29 años, gracias a Dios, he cambiado mucho (aunque no parezca a veces). Mi manera de ver la realidad y entrar en contacto con ella, es muy distinta. Es diferente. Esto se debe a la vida misma, y a la gracia de Dios, sin dudas. MUCHA gracia de Dios. 

Me han pasado cosas de las cuales fui protagonista y las llevé a cabo y otras que tuve que padecer, es decir, ser protagonista pero en otro sentido: me cayeron del cielo. Cosas no buenas, desde ya. Sin embargo, aprendí mucho sobre todo esto y sigo aprendiendo, todos los días.

Hay una cosa en particular que te quería contar hoy, y es mi preocupación por lo mal que veo que te podés llegar a sentir por el pecado que hiciste. Sí. Hoy quiero hablarte de ese pecado que hiciste, que nadie sabe, que sólo vos conocés y que ahora capaz que pienses que un poco yo sé qué fue lo que hiciste. Por eso te escribo, porque conozco el monstruo que sos. Tenés razón, es algo horrible. Es algo que te degrada. Te abaja. Te avergüenza. Te aleja de los otros. Te aisla. ¡Y sí! ¡Mirá lo que hiciste! ¡Es un horror! ¡No hay pecador igual! ¡No hay nadie tan desastroso como vos! ¡Cómo para no merecer lo peor! ¡Nadie te va a entender, ni siquiera ese a quién tanta confianza le tenés! ¡Estás sólo! Sos un desastre… 

Capaz te lo estás creyendo. Capaz lo que te digo tiene algo de razón -pensarás-, ¿no? Quiero que vuelvas a leer esas palabras de arriba. Quiero que me digas, con una mano en el corazón, que no te sentís así. Quiero que me digas, con una mano en el corazón, que sos lo que te dije que sos, es decir, que te lo creas. Que puedas responder a cada una de esas cosas, que no es verdad. Y si hoy podés hacerlo, quiero que recuerdes aquel momento en el que te sentiste así. Y si no hay tal momento, pero descubrís que hay algo en vos que solo vos sabés y justo te acordaste ahora, quiero que puedas ver cómo te sentís con eso… Date un tiempo.

Hoy te escribo, necesitaba hacerlo. No puedo verte así. No puedo verte sufriendo de tal manera. Necesito abrazarte al menos de esta manera, al menos quiero abrazarte con palabras. 

Al principio resaltaba que tengo 29 años. Esto es porque en este camino corto de vida (o largo algunos pensarán), he escuchado algunas cosas que han hecho las personas. No en contexto de confesión, desde ya, porque todavía no soy sacerdote. Sin embargo, estas cosas van moldeando el corazón. En este tiempo que viví, me han confesado que han asesinado gente, que han abusado de personas, que han mentido, que han robado, que han maltratado, que han llevado a gente a sectas de satanás, que han hecho rituales satánicos, que han ignorado, que han hecho bullying, que han extorsionado, que han abortado, que son adictos a la pornografía, que tienen una doble vida, que están en consumo de drogas, que han pegado a alguien, que sufren de gula, que están solos, que hicieron algo durísimo por miedo a que les pase algo a ellos… Todo esto y capaz me olvido de alguna cosa más…

Capaz si te ponés a pensar en cada uno de estos casos, algún rostro encontrás. Y sí, capaz vos estás ahí, ¿no? Decite la verdad. A mí no, a vos. Sé sincero. 

Asimismo, también me crucé con gente que sufre mucho la soledad, que tiene o tuvo depresión, ansiedad, ataques de pánico, que estuvieron poseídos por algún espíritu malo, que se drogan y sufren un montón, que sufrieron abuso, a quien han matado a algún familiar, que los han golpeado, que han sido extorsionados, que pasaron hambre, que fueron abandonados de chicos, que sufrieron o sufren por un ser querido que está en consumo, que tienen un familiar preso y sufren por esto, que sufren por el pecado que hicieron… Ahora bien, voy con lo mismo: capaz si te pones a pensar en alguno de estos casos algún rostro encontrás o bien, capaz vos sos ese rostro. Sé sincero. Decite la verdad.

Esto no termina acá. Apenas empiezo. Porque quiero hablarte en serio. Estoy preocupado por vos. Y ahora quiero aclararte algo sumamente importante. Estoy preocupado por vos, pero no porque seas un pecador empedernido, sino porque no sos libre. Estoy preocupado por vos porque eso que te escribí arriba, te lo crees como si fuera una palabra definitiva y no salís de ahí. Y eso, querido, te tiene preso. Estás encarcelado en una mentira que creiste de que nadie puede escucharte. De que nadie te va a entender. Ojo, capaz que alguien no te entienda, capaz que alguien no te escuche, es verdad. No todos estamos preparados para ciertas cosas y algunos se escandalizan más fácilmente que otros y juzgan rápidamente. Sí, tenés razón. Es más, capaz hablás desde esa mala experiencia… Y sí, tenés razón. Sin embargo, no todos somos así. Y a esto voy con que la gracia de Dios me fue ayudando a caminar. ¿Sabés cuántas veces escuché: “esto no se lo había dicho nunca a nadie”? Ni yo sé, fueron varias… Lo que sí puedo contarte es que absolutamente TODAS las veces que he recibido alguna noticia de tal magnitud, la persona quedó aliviada. Con solo hablarlo. Con solo decirlo, se liberó. Desde ya que siempre, como no soy cura todavía, envié a las personas a que puedan charlar con un sacerdote y poder confesarse. 

Hoy tenés algo guardado dentro que te está haciendo mal. Que no lo hablaste con nadie. Que por más que te hagas el superado te pesa y mucho. Cada tanto un pensamiento acerca de eso que hiciste o que padeciste, se te viene a la cabeza y eso, te sale caro a la larga. Y a la corta también porque vivís auto condenado por ese pecado que estás creyendo que es más grande que Dios. El pecado puede ser grande, pero Dios es infinito. No hay, no existe un pecado que no pueda ser perdonado. No existe pecador más grande que Dios. No hay tal cosa que te condene si estás verdaderamente arrepentido. Dios ama al pecador y detesta el pecado. Dios te ama. Sí, pecador y todo. No quiere verte preso de eso que te hace mal y entristece tu corazón. No la caretees más. ¡Hablalo con alguien, por favor! Si no encontrás a nadie, acá estoy. Estoy curado de espanto, no me voy a escandalizar. Quiero que seas LIBRE. Quiero que vivas. Que vivas de verdad, en verdad, no en una mentira.

Ojalá me hayas entendido. Quiero que sepas que sos de Dios y que él te está esperando. Que necesita que se lo digas. Necesita que te liberes de esa carga. Quiere liberarte y hoy quiero ayudarte a que te des cuenta de que necesitas ser liberado de ese mal que te lastima y mucho. Hayas hecho lo que hayas hecho, hayas padecido lo que hayas padecido. Ponele voz. Ponele letra. Hablalo, decilo. Expresate, por favor. Somos varios los que queremos escucharte y, simplemente, abrazarte y llorar con vos. Dios te ama con locura. En serio. No te creas la mentira de que sos indigno. 

Levantate, es hoy.

En serio, cualquier cosa chiflame.


JR


Pd: Si crees que hay alguien que pueda estar necesitando esta carta, te pido por favor que se la hagas llegar. Que no vivamos presos, vivamos libres en Dios. 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Gracias comunidad de Santa Francisca Cabrini

  6/02/2026 Querida comunidad de Cabrini. Simplemente quería agradecerles por todo lo que me dieron en este tiempo. Cuando llegué, dije que había pasado por 7 parroquias y ahora, Dios, en su providencia me manda a otra diócesis (de la cual todavía no sabemos nada, así que les pido que recen mucho por ese destino). Ha sido un año hermoso el que compartí con ustedes, con unos más y con otros menos, pero siempre me sentí en casa, desde que llegué, cuando alguien, en nombre de toda la comunidad me abrió la puerta y me dijo con una sonrisa: “bienvenido a casa”. A partir de ahí, me supe en casa. Y esa bienvenida se iba replicando en cada uno de ustedes con los que me iba encontrando, día a día.  Misas, adoraciones, scouts, guías, acción católica, catequesis, noche de la caridad, tardes de dar ropa a la gente de la calle, madres de Cabrini, y toda la comunidad… estudiar y compartirles como me iba yendo en la facultad. Luján, con ese carrito y esa llegada empapados. La convivencia con...

La humanidad de Jesús como clave para nuestra divinización

Me pareció interesante subir acá un trabajo de síntesis que nos piden para realizar en la facultad. En vez de que quede simplemente entre la facultad y yo, me gustaba la idea de subirlo acá. Capaz sirve y suma y sino, bueno, no pasa nada.  Te aviso, de ante mano, que son 20 páginas. Digo, para que sepas... Es de fácil lectura igual. Espero te sirva! PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA FACULTAD DE TEOLOGÍA   Síntesis teológica   La humanidad de Jesús como clave para nuestra divinización     Alumno : Romani Jonathan.       La humanidad de Jesús como clave para nuestra divinización Índice   I.                     Introducción II.                   Humanidad II. I.   San Agustín: deseo de trascendencia del hombre III. ...