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Amigos… ¿crecen solos?


Si bien parece con este título, que me refiero a si un amigo crece en el sentido de progresar; desarrollarse humanamente, no es mi intención en absoluto. De hecho, es sano y recomendable a un amigo dejarlo crecer libremente sin atosigarlo y sin querer adelantarle experiencias que él mismo va a tener que aprender por su cuenta, ya que de otra manera no termina siendo una experiencia y un crecimiento de su parte, sino, termina siendo un poco malcriado y medio flancito a la hora de enfrentar y atravesar ciertas cosas. Es una verdad, pero muchas veces, confieso, que he querido adelantarle experiencias a mis amigos y me ha ido mal.

Ahora bien, al utilizar la palabra “amigos”, no lo hago en una tercera persona, sino, que lo realizo en una segunda persona del plural, es decir que me incluyo. El título podría ser: “Amistad… ¿crece sola?” pero eso me hubiese ahorrado el párrafo anterior y, a decir verdad, tenía ganas de redactarlo.


Ser amigo no es algo que nace sólo. Es verdad que puede incluir una química entre dos personas, a la cual no hace falta forzarla por demás, sino que naturalmente dos personas se unen en un vínculo fraterno de amor de amigos. O sea, existe innegablemente esta naturaleza. Sin embargo, puede ser natural esta química, pero luego, con el correr del tiempo, si esto no se alimenta, puede quedar desnutrida la relación. Puede enflaquecer tanto que llega a fallecer en un “¡uh, con este nos llevábamos muy bien!”. Creo que no le es ajeno a nadie esta expresión o este comentario. 


Una amistad se puede ir dando naturalmente, al punto de poder pasar los límites de cada uno, pero esto no se da sin una retroalimentación de ambas partes. Una amistad en la cual una sola persona pone garra para fomentar encuentros y/o momentos (breves o extensos, no importa), no es una amistad verdadera. Es una realidad que una persona puede ser muy colgada y no generar momentos de encuentro con la persona que considera “amiga”, y que el otro puede seguir generando encuentros sin problemas, bancándose la “colgadez” y el límite del otro, manteniendo la amistad a flote… sin embargo, querido amigo, esto tiende a desfallecer. Así como una madre no podría tener a un hijo por mas de 9 meses en el vientre alimentándolo y haciéndolo vivir (ya que ésta moriría), así mismo una amistad no puede ser sostenido por una sola persona, ya que la otra persona tendería a morir, pero no una muerte cristiana en la cual requiere una pascua; una oblación, sino que al contrario, sería una muerte que deja solo al hombre que tiene que alimentar dos bocas.


Una amistad crece y se alimenta cuando ambas personas ponen de lo suyo, bancándo los límites y ayudándose a caminar, sin ahogar a la otra persona con exigencias limitantes y/o con demandas excesivas y fuera de lugar. 


Una amistad sana, se construye y se alimenta sabiendo que la otra persona es una compañía de Dios en la tierra. Un amigo es un mimo de Dios a nuestro lado; es con quien compartimos el cariño, nos alegramos; nos ayudamos; nos interesamos por el otro; nos mensajeamos; nos decimos “che, avisame cuando llegues y cuídate!”... 

Un amigo es un regalo del cielo que no nos deja solos, es ese pedacito de Cristo encarnado en su oreja, en su hombro, que nos ayuda a cargar nuestras cruces. Es un “te quiero gil” expresado, cuando el mundo va perdiendo la expresión entre seres queridos cada vez más. 

Un amigo es cable a tierra conectado con el cielo, en donde uno puede sentir ese abrazo cuando más lo necesita ya sea por felicidad, tristeza o enojo. 

Un amigo es alguien que a pesar de sus errores y de los tuyos, te perdona y lo perdońas y siguen, cagándose de risa de lo pasado y queda pisado. 

Con un amigo la vida es más fácil porque no estás sólo. Con un amigo, los silencios se vuelven compañía; las tristezas en alegrías; los enojos en risas; las oscuridades en luces…


Hoy yo le doy gracias a Dios por tener amistades en las cuales percibo muchas de estas cosas que te compartía… Algunas quizás necesitarían un poco más de alimento, pero para eso está la oración, el tiempo y la paciencia en que las amistades, si son de Dios, van a seguir siendo y que si no lo son, van a dejar de serlo y pasar a convertirse en una persona con la cual compartí un tiempo. 


Los verdaderos amigos, son los que duran para siempre en la perseverancia, el amor y el respeto mutuo pero, por sobre todas las cosas, en donde abunda el amor misericordioso y la apuesta por seguir creciendo y haciendo de un amigo a Jesús entre dos amigos. Una amistad en donde sólo entran dos y no hay lugar para Jesús, es una amistad tóxica, en cambio, en una amistad en donde de movida son tres (incluyéndolo a Jesús), esa amistad es sanadora, porque el mismo Cristo se hace presente en medio de ellos. 


Hoy si tenés una amistad así, te invito a que puedas agradecerla. En cambio, si no gozás de una amistad de tal magnitud, te invito a que puedas rezar para poder tenerla y así gozar de un amigo como Jesús, en el corazón de un amigo en la tierra. 


Un buen amigo, es un Cristo vivo en el cual podemos confiar. No por el amigo en sí, sino por el Cristo que vive en él.


JR.


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