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El que se quemó con leche, ve una vaca y llora...



 Y, sí. Desde ya que es verdad. Muchas veces se nos manifiesta ese no sé qué de la desconfianza. 


¿Cuántas veces te fuiste a dormir con un sentimiento amargo de un no sé qué en el corazón que te deja aislado en un pensamiento o en una situación que te lastimó?


¿Cuántas veces te levantaste pensando y repensando en si ésta vez ibas a apostar de nuevo a ese alguien o a esa situación que la vez pasada significó y caló en un fracaso a nivel sentimental; a nivel material o lo que fuere? 

Quizás el sentimiento que implica un “ya fué, no lo intento más” te inunda tu corazón y te deja paralizado en un no querer volver a intentarlo más…

Es probable que hasta el momento, al leer esto, hayas pensado en una situación en particular o en alguien en particular y eso te haya generado un sentimiento en tu interior que todavía deja sangre corriendo en vos o al menos te haya evocado un recuerdo ya sanado. 

De éstas heridas sanadas con Amor y de heridas aún sangrantes estamos hechos y con eso caminaremos todo el largo de nuestra vida. Éstas heridas, se manifiestan con ciertos síntomas en nuestro día a día de diversas maneras. Una de ellas es la desconfianza, que implica, muchas veces, un miedo a volver a tropezar con la misma piedra o volver a ser lastimado con el mismo cuchillo: “el que se quemó con leche, ve una vaca y llora”, recita el famoso dicho. 


Haber sanado es una gracia. También estar herido es una gracia, pero ojo, no por masoquismo, sino porque es una gran oportunidad de crecimiento. No voy a negar el sufrimiento que todo esto implica y que lloremos y putiemos a más no poder, pero siempre uno tiene la oportunidad, a su debido tiempo, de aprovechar estas situaciones para aprender y salir más maduro y experimentado. Insisto, obvio que uno puede caer en la herida y relamerla cuantas veces quiera, pero ¿eso nos ayuda? ¿ser víctimas eternamente ayuda? ¿quedarse estancado ayuda?


Me quedo pensando y me distraigo (siguiendo el ejemplo del refrán) en la vaca, pensando que nuevamente me voy a quemar con tan sólo ver la leche, pero esto es una tentación sin fundamento real en este presente. Es importante pensar que AYER me quemé con la leche, AYER me lastimaron, pero es HOY cuando puedo sobreponerme a este dolor y salir adelante. No sin mirar atrás, como se suele decir, sin al contrario, sabiendo que pasé por lo que pasé, que me dolió lo que me dolió, pero que hoy, si elijo apostar a algo que me pueda llegar a causar un dolor, lo pueda hacer desde la madurez y desde un apostar a confiar en lo vivido. Que no nos aplaste la vida en un “borrón y cuenta nueva” porque somos seres que acumulamos experiencia, por algo nos arrugamos… 


Animémonos hoy a confiar en nuestras experiencias de vida con esa persona que abrazó nuestras heridas y las hizo suyas.


Es importante reconocer nuestras heridas y saber que allí están, cicatrizadas o aún sangrantes, pero reconocerlas es fundamental, porque a partir de allí vas a entenderte más y saber a qué se debe ese miedo, desconfianza, trauma o aquello que te aqueje. No seamos lo suficientemente orgullosos para pensar que tenemos todo solucionado, porque el pasado no concientizado y no abrazado nos lleva a la decadencia espiritual, con la cual, quedamos hundidos en un pozo, en carne viva. 


Confiar en aquel que vino a nuestra historia a hacernos ver que de cualquier herida se sale, porque Él se hizo herida (acordate de sus llagas) y ese mismo que se hizo herida, resucitó, pero no sin mostrarnos su llagas, sino al contrario: “...Jesús les preguntó: ¿por qué se espantan y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo” (Lc 24, 39). Jesús no se presenta como un “borrón y cuenta nueva”, sino que todo lo contrario, se presenta feliz de llevarnos en sus manos y sus pies para siempre, sabiendo que por Amor y con Amor, permanecemos en lo más profundo de su corazón como lanza atravesada que permite emanar su sangre y su agua.


Animate a confiar nuevamente. Confiá nuevamente pero no en vos mismo, sino, en aquél que te amó con tanta locura, que se murió de Amor por vos literalmente.

Volvé a su Amor. Volvé a confiar en aquel que nos Amó primero.


JR

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