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Virgen querida, ¡Cuánto te amo!


Antes de arrancar, les confieso que intenté hacer de esta charlita sobre mi caminar con la Virgen, paradójicamente, lo más impersonal posible. Intentando evadirme y hablar cosas más generales, siendo más global. Sin embargo, es imposible, no pude ni a la primera de cambio. ¿Cómo voy a hablar de la virgen sin involucrar mis sentimientos, mi razón, mi corta experiencia, mi vida completa?

No puedo dejar de pensar en mi casa materna, bien dicho está, ya que en la parroquia en donde pasé toda mi vida hasta los 23 años fue la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, ubicada en Palermo. Ésta, fue mi casa materna en todo sentido, ya que mi mamá fue la que me inició en todo lo que conozco de la fe y ella, frecuentaba muy seguido esa parroquia (en el día de hoy sigue muy activa ahí). En esa parroquia, la virgen me cautivó, se robó mi corazón, me apapachó y me mostró que estaría conmigo para siempre.

Al correr de los años en mi vida, siempre me sentí LITERALMENTE bajo el manto de la Virgen. Mirado con ternura, con Amor, con misericordia y hasta con una mirada con una sonrisita tierna llena de amor, que se dibuja en su rostro al verme. Así me siento y vivo con la Virgen.

A pesar de mi corta vida, tuve algunas experiencias que no fueron muy amigables. Éstas, por el contrario, fueron de mucho, pero mucho dolor, mucha tristeza, mucha desolación y, sobre todo, de muchísimo enojo y rencor con Dios, pero muchísimo. Fue tanto mi enojo en muchas etapas de mi vida, que, en un momento, racionalmente elegí no darle bola, total Él no se interesaba por mí y lo único que hacía era usarme y descartarme.

Enojado hasta el mango con Dios al nivel de mirarlo a la Cruz y putearlo… no me salía otra cosa. Sin embargo, la miraba a ella y ¿qué le podía decir? Si me miraba con esa cara tierna y sonrojada de Amor y con ganas de abrazarme… qué bronca me daba, no le podía decir nada a ella. Me debilitaba; la Virgen me debilita, saca a flote una parte de mí que no puede ser oculta porque no sería yo. Asimismo, seguía mirando de reojo a Jesús en la Cruz con cara mala, se entiende, ¿no? Como cuando vas por la calle enroscado, te choca alguien y le seguís por unos segundos la mirada con mala cara.

Gracias a Dios, las personas que me conocen y acompañaban en cada momento de tal magnitud, me decían simplemente: “aferrate de la Virgen”. Y es verdad, era eso. Era aferrarme a ese abrazo; a ese mimo de la virgen que me buscaba y bancaba incesantemente. Después de un rosario de puteadas para Dios, no podía no rezarle un rosario a la Virgen, el cual me devolvía a mi eje. 

Siempre consideré que a mi fe la sostiene la Virgen y hoy, con un poquito más de enojos con Dios y fuertes peleas encima, lo reafirmo: la Virgen sostiene mi fe y mi vida. 

En un pensamiento, recuerdo, que quise iniciar una religión en donde la Virgen sola sea la más alta jerarquía, sin Dios y sin Jesús… gracias a Dios eso me duró un pensamiento. Y me vi diciéndole a gritos a la virgen: ¿¡A quien le rezo entonces?! No había consuelo en la oración, sin embargo, la virgen estaba ahí siempre al pie de mis cruces, como lo estuvo con Jesús. 

Salir de un enojo con Dios no es fácil, ni mucho menos. Al menos para mi no lo es. Asimismo, la Virgen, de una manera misteriosa, se encargó SIEMPRE, PERO SIEMPRE, de devolverme la vida, es decir, de llevarme al Padre y a su Hijo. 

No hubo momento alguno en el cual la Virgen, silenciosamente y con mucha paciencia, no me abrazara y no me conduciera suavemente a darle la mano a su Hijo. No hubo momento en el cual ella no me muestre que no estaba sólo y que me tenía bajo su manto. 

Si miro contento, está la Virgen. Si miro enojado, está la Virgen. Si miro triste, está la Virgen. Si miro cansado, está la Virgen. Si miro eufórico, está la Virgen. 

Mire como mire, está la Virgen. Su presencia no es insoportable, al contrario. Su presencia es una caricia; una sonrisa; un abrazo al corazón. 

No camino sin su mano, no puedo, no me sale. 

Soy su Hijo a quien ama con locura y me lo hace saber. 


JR.

Comentarios

  1. Se ve que María "tiene su estilo propio" de conquistar corazones. jajaj! me pasó algo muy parecido en mi historia de conversión. Es una sensación de poder cuestionarlo todo menos a ella. Bendiciones :D

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  2. Se ve que María "tiene su estilo propio" de conquistar corazones. jajaj! me pasó algo muy parecido en mi historia de conversión. Es una sensación de poder cuestionarlo todo menos a ella. Bendiciones :D

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