Por esas arrugas, por esas
charlas, por esas risas, por esos enojos, por esos abrazos con aroma propio y
característico de cada uno, por ese cerrar de ojos sumado a ese abrazo y a un “te
amo”, por esas caminatas que te llevaban de la mano para que no te pierdas
y de repente se convierten en un “agarrate abu… ojo con el escalón; esta
calle está hecha bolsa, no se puede caminar” …
Por esas chicanas con sonrisa
pícara que esperan una respuesta en ese niño que se enojaba por cualquier
pavada que ahora son un “ojalá vuelva a chicanearme desde el cielo”. Por
esos corazones que formaban y forman el tuyo infringiendo la ley de tus padres,
quedando ellos como los mal criadores número uno, pero que en el fondo de todo;
“en la verdad de la milanesa”, sabemos todos que son la educación por
excelencia que excede y supera todo tipo de educación formal.
Por esas vacaciones vividas con
tanto cariño, con un simple estar con ellos escuchando cómo discutían entre sí,
mientras te mandaban un sandwichito de queso minuto a minuto para que no pases
hambre (y así terminaba, con forma de horma queso), nunca esos kilos de más
valieron tanto y significaron tanto. Por esos silencios profundos cargados de
pensamientos y de reflexiones de sus vidas cargadas de sentido y de Dios.
Por esa mezcla de personalidades,
que permanecen y permanecerán en mí corazón indeleblemente, sin querer que se
borren y a las cuales vuelvo cuando necesito una dosis de sabiduría en mi
rutina. Por esa simpleza en sus miradas, por esos enrosques en sus cabezas, por
esa disciplina militar, por esa lucha diaria de una tigresa más fiel que un
perro con su amo.
Por mis abuelos que siguen
estando y por el que ya no está, por ellos hoy vivo y veo de una manera
distinta la realidad. Sin su Amor no sería nada, sin haber compartido y sin
compartir con ellos, sin dudas sería muy distinto a lo que soy hoy.
Hoy no puedo dejar de agradecerle
a Dios por mis abuelos, quienes me enseñaron tanto con sus virtudes y defectos.
Sin sus ejemplos, no podría estar ni pensar como hoy pienso.
Como disfruto de sus abrazos y
cómo disfrutaba de los abrazos de mi abuelo que ya no está físicamente. Es el
día de hoy que recuerdo hasta su aroma con una gran sonrisa. Estalla mi corazón
de Amor por ellos y sin dudas por él, al recordarlo.
Quizás te pasa, que con el correr
del tiempo y con las responsabilidades diarias los ves menos o no podés
dedicarles el tiempo que quisieras. Sin embargo, te propongo que te hagas un
tiempito, que le dediques un mensajito, ellos lo están esperando. Te aseguro que
después de la llamada, sos tema de su conversación por toda la semana y no sólo
de el/ella, sino que hasta sus amigos pasan a hablar de vos por ese llamado que
tuviste. Esto no significa más que sos un valor gigante para ellos, por más
distancia que exista.
Entre tanto ruido cotidiano,
anímate hoy a acercarte a ese abrazo que hace tanto bien y calma tantas
tormentas. Y si Dios lo tiene con él, en vez de regañarlo por “habértelo
quitado”, agradécele por todo lo que viviste con él/ella y si no podés ver lo
que te enseñó porque no compartiste mucho con ellos, investigá, preguntale a
tus padres cómo eran ellos. Te aseguro que hay más sabiduría en ellos que en
cualquier libro.
“Corona de los
ancianos son los nietos…” (Prov 17, 6). No dejes a tus viejos sin su
corona, no los prives de tu amor, de ese amor que se multiplica en sus brazos.
Aprovechálos, amalos, abrazalos, besalos, chicanealos, déjate chicanear…
Quien tiene un abuelo en su vida, tiene un tesoro ÚNICO E IRREPETIBLE, ¿cómo dejarlo pasar?
JR.

Que hermosa descripcion a los abuelos.Me emocione hasta las lágrimas.Mie ntras iba leyendo,parrafo por párrafo me parecia ver una pelicula vivida
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