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Lo vale.

 


Algunos de ellos, te van a decir “vale la pena”, otros seguro que te digan parafraseando lo anterior, “vale la alegría”, otros quizás enfatizan más en las renuncias y en la alegría de superarlas con Dios, otros quizás enfatizan en la gracia de Dios de saberse muy amados, siendo bendecidos por su mano, sabiéndose tatuados en la palma de su mano. Otros, quizás estén de acá para allá en el día de hoy y no tienen tiempo para detenerse un segundo para contestar los mensajes ni para tomar un vaso de agua, otros en cambio, quizás se pudieron tomar el tiempo de contestar mensaje por mensaje. Algunos serán más quejosos, otros serán menos quejosos. Alguno estará, en este momento celebrando misa, algún bautismo, algún responso, alguna comunión, confesando, escuchando a alguien o quizás hoy se pudo dar el lujo de dormir un poquito más o de rezar un poco más.

Algún rostro con cuellito de cura sin dudas se te iba apareciendo a lo largo del texto. No dejes de lado ese rostro. Hoy, en su día, guárdalo profundamente en tu corazón y rezá por él.

Gracias a Dios tuve la gracia de cruzarme con muchísimos curas… ¡y todos los que me quedan por cruzarme! Y no puedo dejar de emocionarme por cada rostro.

Estos curas no son perfectos, ni uno de ellos, sin dudas, lo puedo afirmar. Pero es la humanidad que nos hace imperfectos y la gracia que nos perfecciona. Y así, también puedo afirmar, que en cada uno de ellos, SÍ, EN CADA UNO, ví y veo, fui y soy, testigo de esa gracia que los fue santificando y los va santificando de a poco. Cada uno con lo suyo, cada uno a su medida, cada uno a su tiempo. En cada uno, la gracia se fue y va derramando como una caricia en los corazones de cada uno.

Me estoy formando para ser sacerdote y si Dios quiere, algún día llegaré a serlo (por pura gracia de él), y no dejo de agradecerle por tantos curas que se fueron tatuando en mi corazón a fuego. De cada uno aprendí y me llevo algo. Dios me dio la gracia de ver en cada uno la entrega por la gente; el desvivirse por ellos; el vivir para el rebaño de Dios. Cada uno buscando siempre la forma de amar más al pueblo de Dios y de hacer lo imposible por el bien de ellos.

Doy gloria a Dios por haber conocido tantos sacerdotes que buscan a Dios, a su modo y con su carisma. “Busquen primero el reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6,33). Tantos curas que se santifican santificando, que pasan una noche en vela por la ansiedad de no saber qué hacer para su gente, que se estresan por pensar que no son lo suficiente o que no están pudiendo hacer lo suficiente para su gente; que se llenan de gozo al ver a su gente crecer en humanidad, comunidad, fe y amor. Son ellos los que necesitan un babero al ver a su comunidad unida o trabajando juntos por Cristo.

Hoy en día, en SU día, no te olvides de brindarle tu gesto de cariño hacia ellos. Ojo, puede que éste cura al que te vayas a acercar no te agrade tanto o quizás hasta estés peleado/a con él. Puede pasar, las personas todas se pelean, y los curas no dejan de serlo. Es por esto, que quizás podés empezar a acercarte vos y saludarlo en su día. Abrazarlo y rezar por él.

Hoy estoy orgulloso de los curas con los cuales me toca compartir, cada uno tendrá lo suyo, pero también tienen algo que no es de ellos y que cuidan como un tesoro en sus frágiles vasijas: tienen a Dios en su corazón y lo intentan transmitir siempre, en cada cosa. Dios les siga concediendo la gracia de permanecer con ellos hasta su último día.

Vale la pena... Vale la alegría... lo vale. 

¡Feliz día del sacerdote!

¡A Dios gracias por cada uno de los curas que me crucé en la vida! Dios los siga bendiciendo y santificando.

Te pido, Señor, que no los dejes solos en los momentos de oscuridad. Quedáte con ellos siempre.

JR.

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