Éste magníficat, nació para poner en común la vivencia de la misión de invierno que realizamos con el grupo misionero San Bernardo de la parroquia San Nicolás de Bari, el pasado fin de semana largo.
«Mi alma canta la grandeza del
Señor por tanto recibido en tan poco dado en esta misión. A su vez, mi espíritu
se estremece de gozo en Dios, mi Salvador al ver la fe de las personas, sobre
todo en la fe que tienen a la virgencita. Me llena de emoción al ver como Dios
miró con bondad la pequeñez de su servidora Irma que a las 3am reza el rosario
por más que la vida le pone trabas con un hijo internado con una bala en el
pecho… y de tantos otros que con todo su corazón aman a María. Así los mantiene
cerca suyo revestidos del don de la fe, atraídos por lazos de amor, protegidos
de la muerte eterna. Por la fe en ella, permanecen en Dios.
En adelante todas las generaciones
me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas a través
de los oriundos del barrio y mediante éstos misioneros que entregan todo su
corazón a estos rostros bellos que les presenta Dios en su maravillosa
providencia. ¡El nombre de Dios es santo!
Su misericordia se extiende de
generación en generación sobre aquellos que lo temen en el barrio y le ofrecen
día a día una oración; una plegaria de Amor por su infinito Amor. Al Amor, le
pagan con Amor, poniéndose por sobre todo bajo el amparo de su Madre:
inmaculado puente entre su Hijo y nuestros pecadores corazones.
Desplegó, despliega y
desplegará la fuerza de su brazo, dispersándonos nuestros prejuicios, nuestros
egoísmos y nuestro cansancio para poner en primer lugar a su rebaño villero,
que nos lo confió (en esta ocasión) por un fin de semana largo, en el cuál no
pudimos hacer otra cosa que intentar responder con todo nuestro ser a éste
llamado. Ojalá toda la vida continúe derribando nuestros “yos” para poner
siempre a los otros en primer lugar.
Quedo plenamente satisfecho de
chipa, sopa paraguaya, charlas con las personas (chicos de San Bernardo y
personas del barrio), bendiciones que más que dar, recibí…
Satisfecho de ser tan
privilegiado del Amor de Dios en su maravillosa providencia siempre,
manteniéndome entre las manos de la Virgen y bajo su amparo.
Soy tan dichoso de ser
socorrido por su misericordia todos los días de mi vida.
Colmado de Amor y gracia por
todo lo vivido, puedo exclamar con la Virgen: ¡Mi alma canta la grandeza del
Señor!
JR.
Tremendo Joni
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