¿Y qué si te digo que estoy feliz?
¿Y qué si te digo que me voy a dormir con una sonrisa en el corazón?
¿Y qué si te digo que tuve un día excelente? Es más... ¿Y qué si te digo que tengo una vida excelente?
¿Y qué si te digo que para mí vivir está cargado de sentido?
¿Y qué si te digo que ya el vivir es mi sentido porque sigo al que es vida y vida en abundancia?
¿Y qué si la vida es complicada, pero hay algo que lo simplifica?
¿Y qué si te digo que vale la alegría y la pena vivir?
¿Y qué si te digo que no puedo bajar los brazos porque hay un Amor inmenso que me empuja y sostiene?
¿Y qué si estoy loco? Si ésta locura es lo más coherente que puedo ser.
¿Y qué si te pasa lo mismo?
Todo se cae y nada se sostiene por si mismo hoy. Todo pende de un hilito y somos como hielos a punto de derretirnos en un microondas lentamente. Nos calentamos sin sentido; nos gastamos sin sentido.
Entre desesperanza y desesperanza, sigo eligiendo la fidelidad de aquel que me amó primero y que me sigue llamando a estar con él. Es un confirmar el "es por acá" constante. Es un encarar la desesperanza con la esperanza en persona, con lo imposible en acción; con lo infinito finitamente infinito.
Pero qué pedazo de vida es vivirla con Cristo. ¿Vos no te animaste todavía? ¿Y qué si te animás? ¿Te exige más? Obvio. ¿Te deja en offside? Obvio. ¿Te abre a nuevos horizontes infinitos, con mucho temor? Obvio. Pero querido/a, está es la gracia más bella que Dios te puede regalar porque Él mismo, el que creó el cielo y la tierra, te está llamando y vos...
¿Te vas a hacer rogar?
¡Pero déjate de embromar!
Animate y morite de Amor. Porque si es de otra manera... ¿De qué preferís morir? O mejor formulada la pregunta... ¿De qué preferís vivir?
¿Y qué si te animás?
JR.
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