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Gracias.

 


“Cuando se dice “gracias”, en realidad se está diciendo “pertenecemos a lo mismo”. Es por eso que a algunas personas les cuenta tanto decir “gracias”, porque no quieren sentirse obligados. Pero en una sociedad sana eso es exactamente lo que queremos: obligaciones mutuas. Todos estamos obligados con todos: nos corresponde estar juntos. […] A cada momento podemos ser conscientes del regalo que significa la vida. Si logramos cultivar esa actitud, entonces estamos justamente en el centro, en el corazón de la vida religiosa. […] Dios es el punto de referencia para nuestro más profundo sentido de pertenencia, y la gratitud es la manera de vivir con alegría esa pertenencia. Cada momento puede despertar esa alegría en nosotros”. Libro: “Detenernos”, Hermano David Steindl-Rast.

Que hermoso sentimiento es el sentirme agradecido con todo lo sucedido en este tiempito que me tocó vivir con el famoso covid, el cual lo viví, gracias a Dios, de manera muy leve y muy tranquilo.

No estamos acostumbrados, quizás, hoy en día al acompañar a las personas solas, a estar atentos a los detalles, a detenernos con la mirada y el corazón en el otro. La individualidad mata al altruismo y por desilusionarnos seguido por estar pendientes de los individualismos y el egocentrismo, nos perdemos de agradecer las gracias cotidianas; las bendiciones del día a día que damos por hechas.

No todos pueden oler bien, no todos pueden saborear bien, no todos pueden ver bien, no todos escuchan bien, no todos tienen a alguien al lado, no todos son queridos, no todos están presentes, no todos tienen un plato de comida todos los días, no todos viven felices, no todos tienen la comunión todos los días, no todos tienen una oreja amiga que te visite por más que estés enfermo, no todos son mirados a los ojos, no todos sienten que verdaderamente la gente los quiere. No quería dejar de escribir agradecido. Y hasta ahora no escribí sobre por qué estoy agradecido, sino que empecé por lo negativo para encuadrar bien en este mundo que primero ve eso y luego, si se detiene, rescata lo positivo.

En este tiempo estuve aislado y me sentí más en compañía que nunca: comí los mejores caramelos y chocolates sin sabor (#covid) que me podría haber comido; desayuné, almorcé y cené sabrosamente muchas cosas sin sabor. Ni olerlas podía, pero tenían el más hermoso aroma de todos. Me vinieron a visitar a la distancia (por supuesto) y me dieron de esta manera un abrazo no abrazo, expresado en un “que ganas de abrazarte” que guardo para siempre en el corazón. Tenía una terraza para poder salir a rezar y a leer que quizás muchos no lo tuvieron y/o no lo tienen. Pude celebrar en el templo (en un lugar arriba alejado de todos porque #covid) la misa de las patronales de San Nicolás, cosa que pensé que no iba a hacer, y recibí un abrazo no abrazo inmenso de parte de toda la comunidad (que guardo profundamente en el corazón).

En fin, creo ser una persona inmensamente privilegiado por tantos abrazos, mimos y expresiones de cariño de diversas maneras en un tiempo que a uno le toca estar abichado y alejado. Volví a hacer experiencia de que Dios no te abandona, existe (es) y permanece siempre conmigo junto con mis grandes amigos los santos (ahora lo tengo en la lista a San Nicolás de una manera muy linda) y presente siempre. Dios es y hace que exista para intentar al menos replicar ese su Amor tan grande que desborda y rompe cualquier obstáculo.

Lejos de querer quejarme, estoy inmensamente agradecido por tanto Amor recibido. Dios me de la gracia de volver siempre a ponerme bajo la mirada de su Amor misericordioso en los tiempos en que los golpes externos son más duros y menos suaves. Ojalá quiera que yo también mire con sus ojos llenos de ternura a mis hermanos.

 

Si tenía alguna duda, ahora tengo muchas certezas:

los detalles son importantes,

mirar a los ojos abraza más que un abrazo,

1kg de gomitas sin sabor puede ser una excusa perfecta para poder decir “te quiero amigo, acá estoy”,

una llamada se escucha con todo lo que uno es y no sólo con los oídos,

no puedo vivir un día sin la comunión y las personas que me la trajeron hacían que mi corazón salte de alegría (como Juan en el vientre de Isabel),

detenerse a escuchar al otro siempre es más importante que lo que uno tiene para decir,

que Dios está, permanece muy cerca mío y tuyo y nos quiere juntos, no yendo por separados: juntos mirándolo a Él,

que sólo el Amor sana los corazones y cambia las miradas.

 

Simplemente gracias a Dios por tanto Amor. Ojalá pueda devolver un poco de tanta inmensidad recibida.

Y a vos, que te cruzaste con este escrito, te dejo otro fragmento del Hermano David, que refleja un poco mi deseo hacia vos. No te amargues ni te desganes, no estás sólo, Dios verdaderamente está con vos, sólo hace falta que amplíes la mirada y que empieces a agradecer más los rastros de su presencia, sólo así vas a descubrir un mundo nuevo, el mundo del agradecimiento al Amor más grande que espera y llama a tu corazón TODOS LOS SANTOS DÍAS.

 

“Espero que puedas abrir tu corazón a todas estas bendiciones, y que las dejes fluir a través tuyo, para que todo aquel con quien te encuentres en el día de hoy se vea bendecido con tu mirada, con tu sonrisa, con tu contacto, con tu sola presencia. Deja que la gratitud se derrame en bendiciones alrededor tuyo. Entonces este si será realmente un buen día”. Libro: “Detenernos”, Hermano David Steindl-Rast.

Gracias.

JR

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