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Querida comunidad de San Nicolás. Gracias.



En ningún lado vi una búsqueda de Dios tan profunda, genuina y sincera a nivel comunidad, como acá en San Nicolás.


Cuando llegué, confieso que lo hice asustado por la cantidad de gente que había y ni hablar de esas empanadas de bienvenida en el subsuelo con los jóvenes, que si bien fue hermosa, me dejó la cabeza aturdida de tantos nuevos rostros, nombres, risas, chistes… Ese día que llegué, me dije a mi mismo: “acá me voy a volver loco, no voy a llegar a conocer a nadie, son un montón…” Me quedé asustado, pensando que podía hacer yo acá. 


Entonces, comprendí que no “tenía que hacer”, sino dejarme hacer y aprender. Aprender por sobre todas las cosas a estar. Yo creo firmemente y entrañablemente que Dios me llama simplemente a estar con Él y a eso me sentí llamado acá: a estar. Obvio que esto no fue un simple estar de brazos cruzados, sino un estar al modo de Jesús, aferrado a su Corazón. Y en este intentar estar vi como ustedes verdaderamente permanecen en Jesús, con el mismo modo de Él. Quizás no se detienen mucho a pensarlo o a contemplarse mutuamente entre ustedes, pero con el solo hecho de abstraerse un rato, se pueden dar cuenta de como tienen a alguien al lado que late por Jesús: desde el que está rezando en el camarín, el que está en el coro, el que es ministro, el que viene a misa, el que da una mano en Cáritas, el que lee las lecturas, el que participa de algún grupo, el que los coordina… En fin, podría nombrar a cada uno de ustedes que busca a Jesús, como decía, de una manera genuina y sincera.


Soy un privilegiado del Amor de Dios y el pasar por esta comunidad es una prueba más de ésto. Ojo, no les tiro flores para chuparles las medias, lo hago porque verdaderamente quedé asombrado de lo que buscan a Dios y el amor que le tienen.


Y ahora, con el permiso de la comunidad adulta, quisiera dedicarles las próximas palabras a los jóvenes, que son una enorme parte de ésta casa: GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS.


Gracias por ser el corazón de Jesús latiendo por Amor,

Gracias por enseñarme a rezar, a estar con el necesitado, a amar a un amigo, a abrazar y consolar al triste, a cantarle el feliz cumpleaños con torta y todo a la gente de la calle.

Gracias por enseñarme a adorar a Jesús después de haberlos visto innumerables veces hacerlo en la cripta.

Gracias por su alegría de siempre,

Gracias por su paciencia.

Gracias por su ternura.

Gracias por venir a la parroquia a encontrarse con Jesús.

Gracias por demostrarme que ser cristiano, joven y darlo todo por Amor todavía se puede.

Gracias por enseñarme tanto. 


A los curas: Jano, Nacho, Ale, Bubi y Arancedo. Les agradezco por su testimonio diario. Son unos curazos, cada uno con su estilo, lo dan todo al unirse a las palabras de Jesús en cada Eucaristía: “...esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes…”. Cada uno con más o menos años de entrega, buscando la misma entrega de Jesús: el total de ellos mismos por la comunidad, por ustedes. 


Dios quiera que se me haya impregnado un poco de esa entrega y pueda entregarme ⅓ aunque sea de lo que lo hacen ustedes. Tienen unos curas de lujo, no los desaprovechen.


Para finalizar, no extenderme más y ser fiel a mi estilo…

Es un privilegio que ingrese Pedro (Pelu, como le digo) al seminario. Que deje todo por Jesús hoy un joven es nadar a contracorriente y es por esto que les digo a ustedes, los que buscan a Jesús de corazón, que no tengan miedo de dejarlo todo por Él. Que no les importe el “qué dirán” del resto de los mortales, sino, que lo único que les importe sea el “qué dirá” del que los llama. No pierden nada, al contrario lo ganan todo: doy fe de eso.


No sigo más. 


Gracias por mostrarme y enseñarme tanto sobre Jesús. 


Gracias Virgencita por acompañarme siempre.


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