¿Me llamaste a estar con vos? ¡Sí, me llamaste a estar con vos! Y yo te digo: «¡Aquí estoy!».
Con la frente en alto y los ojos llorosos
con miedo, y a mil el corazón latiendo,
las rodillas temblorosas van surgiendo:
«Se ponen de pie los que van a ser admitidos».
Con apariencia de lobo,
e interior de cordero.
Con pinta de altanero
con ansias del mundo entero,
adentro el miedo,
anhelando te espero.
Sin embargo pregonero,
de tu Amor ser quiero.
Mirando tus llagas
de sangrado Amor herido,
quiero ser testigo,
de qué aún estás vivo.
De pie en la Catedral expreso,
mi voluntad y mi libertad,
que por amor seguirte quiero,
y servirte en toda tu comunidad.
Es todo gracia y felicidad,
lo que recibo de tus manos,
para dar a mis hermanos,
lo mejor de mi humanidad.
Me conoces amada Iglesia,
sabes de mis debilidades;
sólo me basta la gracia,
para poder darme con mis fragilidades.
Y sólo así me preguntas:
«Jonathan, ¿Estás?»
Y de pie y voz en alto:
«¡Adsum!, Mi Iglesia amada,
¡Con la gracia de Dios yo me levanto!
¡Aquí estoy para servirte, mi eterna enamorada!»
Se enciende mi corazón,
con el fuego de tu Amor,
para dejar sin razón,
mi miedo al error.
Es un llamado de confianza,
para de la mano caminar.
Se renueva la Esperanza,
de que nunca solo voy a estar.
Hoy adhiero este camino,
al decir «Aquí estoy»,
como un loco enamorado, Dios mío,
detrás tuyo, yo voy.
Virgencita, no quiero dejar de encomendarme
mi vida y la de mis hermanos:
que no dejemos nunca de mirarte,
ni permanecer fuera de tus manos.
Dios Padre quiero alabarte
y en tu Hijo Jesús contemplarte,
tu Espíritu Santo dame,
así tú Amor, todo mi corazón inflame.
JR.

Comentarios
Publicar un comentario