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Dios te hizo tan bien.


Al mirarte en la naturaleza. Ver tu obra tan maravillosa, desde una simple planta o un animalito, no puedo no maravillarme. Sos asombroso, mis ojos se sorprenden en cada detalle. Cómo lo pensaste todo tan bien. Creaste todo de una manera tan admirable, que es indescriptible.

Dios te hizo tan bien, dice una canción. Y sí, Dios te hizo tan perfectamente bien. Dios te amó y te creó. Sos increíble. Porque Dios está en vos, en mí, en todos, con su mano creadora y su Espíritu que nos da vida. Él nos sostiene, por eso no caemos. Ojo, parece que caemos, pero no caemos nunca. Siempre nos sostiene. Ni la muerte es caída, ya que, en Jesús, la muerte es victoria, pero no para buscarla, sino para vivir la vida que nos dió sabiendo que ya triunfamos y lo más maravilloso es que no hicimos nada, Jesús lo hizo todo por nosotros. Obvio que tenemos que poner de lo nuestro y caminar de su mano para no desanimarnos y no perder el eje de nuestra existencia, ya que perderlo es rendirse y, cómo dije antes, no estamos hechos para rendirnos, sino para la victoria, y esa victoria nos la da Dios en su Hijo. 

¿Dónde está muerte tu victoria? Diría San Agustín. 

Ahora bien, la enfermedad, las crisis personales, las carencias afectivas, las contrariedades de la vida son un golpe duro. Más vale que lo son. Golpean y lo hacen muy fuerte. Y no sólo una vez, sino que parece que es un golpe tras otro... ¿Y ahí? Podemos decir "¿Dónde está muerte tu victoria?" 

¿Es posible contemplar las maravillas del Señor en medio de las contrariedades? Sí, es posible. ¿Es fácil? No. Pero si no lo veo, entonces ¿perdí la fe? ¿Soy un mal cristiano? ¡No! ¡Y sácate eso de la cabeza! No te sumes la culpa (que es del coludo) a una situación difícil de sobrellevar. Uno las pasa como puede, a veces con más valentía y otras, con más cobardía y miedo. Somos así, somos humanos. 

Quizás te sume, quizás no porque estás en medio de esas contrariedades, pero de las que me tocaron pasar... Estoy acá, "vivito y coleando". Y cada vez más vivo que nunca. ¿Sabes por qué? Porque Dios me sostuvo. No fue una experiencia psicológica nada más. Verdaderamente y objetivamente, Dios me sostuvo. El creador de todo lo que conocemos, me sostuvo. El que se encargó de cada detalle de esa plantita, de ese animalito, me sostuvo. Fueron jodidas algunas (y quizás vengan peores jaja) pero al verlo en retrospectiva, Dios me sostuvo siempre. Tuve muchas gracias de poder experimentarlo cerca mío en medio de la tormenta y eso, quizás, no pasa seguido, pero te lo cuento, no para que pienses que si no te pasa no tenes fe o no le importas a Dios. Sino para que puedas darte cuenta que te él está con vos y de una manera muy cercana. Pedile la gracia de poder experimentar su Amor cerca tuyo en medio de la tormenta: ¿Habrá un padre entre todos ustedes que dé a su hijo una serpiente cuando le pide pan? Y si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? (Lc 11, 11-12). Pedile y se te va a dar. Pedile seguro, por más que después dudes. Pedí con confianza... Total, de manguear a nuestros hermanos sabemos y bastante... Mangueale a Dios. El no se resiste. El Amor no se resiste. 

Confiá en Dios. Confiá.

Estamos cansados, exhaustos por este fin de año. Fue un año intenso. Pero renovemos nuestras fuerzas con él, en él y para él.

No nos dejemos robar la esperanza (Papa Francisco). Puteá, llorá, confía, reí, disfrutá. ¡Pero en Dios eh! Sólo así verdaderamente se llora, confía y ríe. Sólo Dios sabe hacernos sonreír. El creó la sonrisa. Él creó sonrisa.

JR.

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