De verdad te pregunto… ¿sos realmente feliz? ¿Te hiciste esta pregunta alguna vez? ¿Te tomaste el tiempo para poder reflexionarlo; rezarlo?
Hace 8 años (un montón, pensé que
menos) y, en realidad mucho más, desde chico, tuve dos ejemplos de vida cercanos
que me hicieron plantearme la cuestión de lo que yo quería hacer de mi vida.
Siempre, desde chico nos hacen
esa pregunta: “¿Qué querés ser cuando seas grande?”, a la cual uno va
respondiendo acorde a lo que va viviendo y a lo que le va gustando. Algunos adultos
escuchan al niño que responde y otros escuchan a una profesión en potencia que
va contestando esa pregunta que abre un abanico de posibilidades.
De una manera u otra, contestamos
esa pregunta. A veces para sacarnos de encima al pesado o pesada que nos está
preguntando o, algunos contestamos con lo que de verdad anhelamos ser en la
vida. En mi caso, era ser profesor de Educación Física. Siempre disfruté el
hacer deporte y, más allá de que hice toda mi vida básquet, los deportes me
gustaron siempre. La actividad física es algo que, Dios quiera, pueda hacer
siempre. Entonces, veía bien claro lo que quería hacer de mi vida: quería
transmitir eso que me gustaba mucho a los demás, en este caso, el deporte.
A lo largo de los años, a esta respuesta
que daba, se le sumaba profundidad. Como dije al principio, tuve dos ejemplos
cercanos, que funcionaron como vidriera o como experiencia externa y me
ayudaron a verme en un posible futuro: ¿Quería yo ganar muy buena plata,
pero vivir toda mi vida cansado y sin una sonrisa en el rostro más que en las
vacaciones? ¿O quería yo vivir con una sonrisa en el rostro, cansada a veces,
pero que no distinguía vacaciones de otro tiempo? En definitiva, el dilema
que se me planteó era si quería trabajar para tener mucha plata o bien quería
trabajar de lo que me hacía feliz y disfrutar de eso, por supuesto que era re
importante el tema económico en este planteo, pero pesaba mucho más, al ver
estos dos ejemplos, el ser feliz. Quería llegar a mi casa cansado pero feliz. Quería
vivir siendo feliz. Obvio que las complicaciones no se hacían a un lado, pero
esa persona era feliz. Su opción de vida, era felicidad, disfrute, Amor
entregado, alegría, una hermosa sonrisa. En cambio, con el otro ejemplo pasaba
al revés, esa opción de vida era amargura, silencio irritante, mal humor,
quejas, preocupaciones. No era feliz esa persona. Ojo, no juzgo a la persona,
porque ella misma tuvo que salir adelante trabajando para poder sobrevivir y de
esos casos conozco muchísimos y esto, pesa. Podemos tener otro punto de vista,
pero el que no la vive, el que no está en sus zapatos, opina más
superficialmente, no debe ser fácil.
Sin embargo, no veía que esta
persona se plantee el hecho de si era feliz o no. Esta persona ya estaba encaminada
en su vida y no se hacía este planteo, era una rutina infeliz, a la cual tenía
que llegar siempre temprano y ser la última persona en irse. Porque tenía
responsabilidades… ¡y claro! Es completamente entendible. Pero hay algo que
hace ruido. Hay algo que no sonríe. Hay algo que se deprime. Y esto es gratis,
no se cobra nada por deprimirse, porque no tiene precio y lo hacemos
gratuitamente, al igual que la felicidad, pero la inmensa diferencia se da en
los frutos de la felicidad o la infelicidad.
Hoy, simplemente, quería
compartirte unas preguntas para que puedas hacértelas, quizás en privado,
quizás con alguien con quién te acompañas, o algún amigo… Pero hacetelas:
¿Sos feliz haciendo lo que haces?
¿o lo haces solo por el hecho de que te da una seguridad?
¿Te ves toda tu vida haciendo
esto que estás haciendo?
¿Te encontrás haciendo lo que querrías
estar haciendo?
¿Estás posponiendo tu felicidad?
Es decir, ¿estás ahorrando “seguridades” para gastarlas cuando “seas feliz”?
Cuando puedas encaminarte hacia
la felicidad, el resto viene por añadidura. Pero no te engañes, porque la
felicidad está en lo que Dios sembró en vos desde siempre, en su voluntad. Dios
tiene algo particular preparado para vos, una vocación particular, en la cual
vos vas a ser pleno y vas a poder brindarte al %100 y este cansancio va a tener
otro color, y la plata te va a alcanzar siempre y vas a ser feliz, porque “feliz
el hombre que pone su confianza en el Señor” (salmo 1).
Claramente, ir buscando mi
felicidad me llevó no a ser profesor de Educación Física, sino a ir tras el
camino del sacerdocio, lo cual me hace muy feliz. Estoy feliz y eso que no
todos los días son color de rosas, ya que las espinas pinchan y lastiman, pero
soy feliz porque Dios me llama ¿y qué más puedo pedir?
Ojalá hoy o cuando sea, al
hacerte estas preguntas, puedas descubrir en vos un anhelo por ser feliz, pero
con la felicidad verdadera que te lleva a buscar el bien, te atrae por su
belleza y te hace andar en la verdad: ser feliz con Dios mismo.
Sincérate… ¿Dios te llama
realmente a lo que hoy estás haciendo, o te pide otra cosa? Animate a responder
esta pregunta…
JR.
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