Anteponemos nuestros gustos antes que a vos.
No te buscamos verdaderamente, porque nosotros, con nuestras propias fuerzas podemos.
No nos servís más, con una bandera de cualquier bando, nos sentimos más fuertes.
Luchamos por causas que no te tienen ni como fuente, ni como fin.
Anteponemos nuestra mirada a la tuya, ya que la nuestra la tenemos, pero a la tuya hay que pedirla, buscarla, rezarla... Es más trabajoso, mejor nos quedamos con la nuestra.
Perdimos el foco, no te vemos; te vemos borroso.
El enojo cobra vida en nosotros más de lo que quisieras, pero qué importa, si ni te preguntamos.
Se apodera de nosotros, nos divide, nos mata, nos deja rotos. Nos deja solos.
El signo que sea, que no sea tu Cruz, nos lleva a una muerte sin redención, sin esperanza. Nos lleva a la muerte. Es donde la muerte encuentra su victoria.
A cargo del rebaño, algunos, como pastores, otros gobernando... Perdimos el foco, ya no te amamos.
Perdimos el foco, no te vemos; te vemos borroso.
San Ignacio lo deja bien claro... ¿Qué pasó, ya nos olvidamos? Las dos banderas... ¿Acaso las contemplamos?
No nos amamos. Caminamos nublado, sin seres amados, ni siquiera mi hermano.
Si el de al lado lleva otra bandera distinta a la mía, la "del diálogo", no me interesa, con él ya no hablo. Que no me moleste. Que se vaya a otro lado.
¿Jesús, dónde quedaste? Más bien... ¿Dónde te dejamos?
Sabemos, sin embargo, que las banderas pasan... Los gobernantes pasan... Los sacerdotes pasan... Pero el que permanece sos vos. Atrás de todo esto, estás vos esperándonos todo el tiempo, a cada rato.
Tanto nos amas que sos capaz de volver una afirmación como esta: "Perdimos el foco, no te vemos; te vemos borroso" en una pregunta como esta: ¿Perdimos el foco, no te vemos? te vemos borroso?
Si hay vida, hay esperanza.
El enojo también va a estar, nos va a nublar. La grieta se va a agrandar. La tristeza va a abundar. El dolor va a seguir doliendo. Las críticas criticando. Las heridas sangrando.... Todo esto si solo vivimos enojados, tristes, nublados, dolidos, criticando, heridos y nos nos dejamos alegrar, sanar, amar, cicatrizar. El camino es ese: La Cruz. Pero "juntos, como hermanos (hace rato que la canción lo canta), miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor. Es un largo caminar, por el desierto, bajo el sol. No podemos caminar, sin la ayuda del Señor".
Hoy, es un renunciar a nuestro enojo. Renunciar a nuestro yo, para que el YO de Cristo sea Él en nosotros. Dejémoslo vivir a Él en nosotros y vamos a dejar de ver borroso (al menos un poco).
Que Dios limpie nuestra mirada, nuestros corazones. Que nos ayude a caminar juntos como hermanos, miembros de Él, que nos dejó la misión de Amados para Amar a todos por igual, sin acepción de personas. Sí, cuesta. Sí, es difícil, pero es lo que nos dejó como legado quien nos amó primero.
¿Perdimos el foco?
¿No te vemos?
¿Te vemos borroso?
JR.

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