¿Otra vez?
¿De nuevo me llamas?
Si ya te dije que sí,
ya respondí a qué me amás.
Me paro y grito,
un "¡Aquí estoy!"
encendido.
Como loco enamorado voy.
"Vayan e inviten a todos al banquete".
Acompañá, acompañado.
Si te sabes amado,
no dejes a nadie sin saberse invitado.
Es un servicio:
que todos se acerquen.
En cierta medida, que les llegue mi amor,
de vos depende.
Ministro tuyo,
por vos me hago servidor,
no solo del altar,
sino de para tu Amor aprender a derramar.
Es el vivo que late,
en el pan blanco manifestado.
Repartirte y darte,
eso es el Acolitado.
No me mezquines,
no soy de nadie,
"yo soy el que soy"
de todos y de nadie.
Bendecime, Señor,
dame tu fuerza,
haceme fiel,
que no pierda en las flaquezas.
Fe y caridad dame,
que te sepa ver y amar
así en la santa Eucaristía,
como en el día a día.
Fuego de Amor eterno,
encendeme, quemame,
ser partido y repartido
y a mis hermanos darme.
Disponibilidad de corazón,
una gracia inmensa,
que mi corazón sea Eucaristizado:
vivo por el vivo, con alegre cara de resucitado.
Una teca en la mano,
manos de barro, sucias.
Conscientes, sin embargo,
que sos vos el que está a cargo.
Gracias, Dios, por tantos testimonios,
por saberme acompañado,
por ser tu hijo Amado,
por hacerme saber que fui llamado.
¡Gloria a Dios!
¡A Dios gracias por tanto don!
¡Hoy renuevo el ser ministro de tu Amor!
¡Por gracia tuya en la Iglesia, aquí estoy!
¡Soy acólito de Jesucristo, nuestro Señor!
JR.

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