Dicen por ahí que lo malo
es lo que abunda, que los corazones están ya cerrados, que no hay posibilidad
de abrirlos.
Intentar es en vano,
lograrlo es un milagro. Ya no hay fe, no hay esperanza, están sellados,
impermeabilizados.
O quizás, cansados de
desilusionarse, abiertos a la herida, cerrados a la vida.
Sucede por ahí que la
muerte tiene la última palabra, pero la muerte está sentada, acomodada, en un
sillón relajada. Ya no necesita esforzarse para ganar y ser (mal) amada.
Exhala tranquilidad de
haber ganado, su juego ha acabado, la vida pierde y la muerte gana.
Sin ir más lejos, puedo
ver esto. La muerte desposada, con una humanidad desesperanzada.
Gigante es la muerte, está
en todos lados: en el de al lado, en la plata, en la Iglesia, en las heridas,
en lo público y en lo privado. Es como la mugre: está en todos lados.
“¡Realmente ha
resucitado!”, se ve en los corazones de aquellos que parecían los más tarados.
Sus corazones se encienden, porque la verdad ha entrado. Brilló la luz en
aquellas tinieblas. La muerte dejó de tener suerte. El remedio divino nos ha
deslumbrado.
Ante todos brilla ésta
luz. En nosotros está abrir o cerrar los ojos. Hondar en la verdad es vivir la
caridad. Saborear la sabiduría, vivir en la alegría. La muerte queda atrás, es
historia pasada… los corazones bailan con el Rey de la danza. La danza de la
vida, esa es nuestra alabanza.
No podemos callar lo que
hemos visto y oído, si fuimos sorprendidos, es nuestra tarea llevar el carbón
encendido. Ayudar al que está perdido. Abrazar al herido. Hacerle saber que
fuimos redimidos.
“Dios te ama, hermano
querido”, “¡Levantá la cabeza, despertate, no te quedes dormido!”
Es el Amor el que te
llama, es él quien te reclama. Estás hecho para la vida, no te quedes sin
ganas. “Despierta tu que duermes”, no te quedes en la cama.
Caminá, no te quedes
quieto.
Otro día se asoma, no es
joda.
No te desanimes, de verdad
que existe alguien que te ama.
Fijate, abrí los ojos, él
te está esperando, no te quedes flojo.
Imaginate confiar en aquel
que nos prometió la vida y que venció la muerte… imagínate que esto es verdad…
no es casualidad.
Amado, amate, amalos… en
su corazón reposando quedáte.
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