Crucificado y vivo, vivo crucificado. Vivir Eucaristizado. Vivir amando porque fui amado.
"Ser cura es tener una gran capacidad de amar", me dijo un cura una vez (Ale puiggari).
Y esto caló hondo.
¿Cómo amar? ¿Cómo tener esa gran capacidad de amar? ¿Por qué los curas? ¿Y el resto? ¿Qué pasa con los que no son curas? Sin dudas, todos tenemos una gran capacidad de amar, y todos estamos llamados a vivir al modo de Jesús: eucaristizados. Sin dudas. Y, aclaro, por las dudas, que no pienso que hay un modo más amoroso que otro. Lo que viene ahora brota de un corazón enamorado que quiere seguirlo de este modo y que se sabe consciente de una gran capacidad de amar. Insisto, está reflexión sale de un corazón enraizado y en camino hacia esta forma de amar; hacia este modo de amar... Intentando dejar hacerse más espacio por Dios, para Dios y en Dios.
¿Para qué? ¿Qué busca un cura? ¿Qué quiere? ¿Qué modelo? ¿Qué carisma? ¿Qué tipo?
Una sed que llama de ambas partes. Un fuego que se enciende en ambos lugares... Uno que clama por un Padre y otro que, al mismo tiempo que clama por un Padre, quiere vivir como el Padre, siendo la sombra de un Padre, en la medida de sus capacidades...
Una capacidad de amar que cada vez se expande más a medida que se anda crucificado y vivo y se vive crucificado. Es por Amor. ¡Ah! ¿No es por fe? No. Bah, no lo veo así. Es por Amor. Porque Amor recibí y Amor quiero dar... A su modo. Cómo él quiera. En dónde él quiera.
¿Qué modo? Al modo que él insufló en mi corazón... Al modo que me hizo y para lo que me hizo. No hay UN modo con tantas personas y estilos. Si que hay un estilo sacerdotal que es Jesucristo y a él seguimos y con él nos configuramos. Pero es imposible ser todos igualitos... Sin embargo, esencialmente, somos Jesús. Somos otros Cristos.
Es decir... ¿Cura para qué?
¿Para ser el primero?
¿Para ser el más canchero?
¿Para ser el mejor en la pastoral?
¿Para atraer a todos hacia mi?
¿Para hablar el lenguaje de todos?
¿Para estar todo el día con el celular?
¿Para señalar-me siempre?
¿Para estar en el centro?
¿Para que me escuchen?
¿Para que de todo igual?
¿Para que mis palabras sean las que abunden?
¿Para que me consuelen?
¿Para que me reconozcan?
¿Para mandar y que obedezcan en mi nombre?
¿Para ser el centro?
¿Para que me pidan consejo?
¿Para ser popular?
¿Para que me cuiden?
¿Para darme el lujo de no celebrar misa un día porque ayer ya tuve tres?
¿Para no rezar más... "Total yo ya recé siempre toda mi vida"?
¿Para que digan "qué bien que habla el cura"?
¿Para qué? ¿Para qué cura? ¿Para qué soy cura?
Testimoniame, che, vos, cura. Compartime tu fuego, por qué arde tu corazón, transmitime ese amor. Pero no con palabras, ojo, no me interesan. Mostrame con TU VIDA para qué sos cura. Que se te note que, primero, sos cristiano y, segundo, que sos cura. Pero cura, no enfermedad. Ojo, se que todos estamos enfermos, pero mostrame que volves dia a a día a ese el único remedio que tenemos en nuestra vida, que se llama Jesús de nazaret.
Enséñame a que vuelva a él. Mostrame que es lo más importante de tu vida y no las pavadas. Enséñame a amar a su modo, a creer en su modo por más que todo diga que su modo es antiguo o aburrido. Que pasó de moda...
Enséñame, mostrame, anímame. Acompáñame. Somos muchos los que queremos seguir a Jesús con un amor verdadero a pesar de todo. Somos muchos los que tenemos sed de un Dios padre en esa sombra del padre.
No les pedimos nada más que ser ustedes mismos, que ser lo que de verdad hay en ustedes.
Ser en Cristo, otros Cristos.
Ser ustedes, Cristos.
Ser un dedo índice hacia Cristo.
Ser verdad en La verdad.
No tironear. Sencillamente, andar en la verdad.
Vivir amando al Amado que, a través suyo quiere amar a los amados.
Dejemos a Dios ser Dios. A Jesús ser él en nosotros.
Dios quiera que pueda ser algo de esto en un futuro sacerdocio.
Y a vos, ya cura, no me hables de vos. Hablame de Jesús. Hablame de Dios.
Hablame de Él Vivo.
¿Para qué ser cura? Para llevar a todos hacia Dios. Que descubran que ellos también están en su sagrado corazón, siendo amados desde siempre y para siempre. Que descubran que Su Amor es más grande que cualquier pecado y que Él todavía los está esperando, sin titubear, sin preguntar, sin remover heridas... Sencillamente abrazando... Amando.
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