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Correte.

Correte y dejá pasar a él que viene con Su Amor.   Te aseguro que te va a cambiar la vida, a mí me la cambió y me la cambia todos los días. Mis días no son iguales porque su Amor me renueva: me santifica todos los días. Esto no quita que le pifie todos los días. No. La mirada está en su Amor, porque su Amor es lo único importante. ¿Acaso crees que tu miseria es más grande que su misericordia? Creerlo es caer en la tentación del coludo que nos quiere apartar de el que nos amó primero. Correte y dejá pasar a él que viene con su Amor. Este que viene no es un amor imponente, en el sentido de que arrasa con todo sin preguntar. Es otro cantar el suyo. Se dispone a imponerse si uno lo deja pasar. Si uno está dispuesto, queda expuesto a transformarse. Uno "fluye" (dirían hoy), distinto. Pero, perdón para los que utilizan el "fluir" de esta manera, pero uno cambia de vida al escuchar este otro cantar. No fluye uno, se transforma en Aquel a quien uno le dió lugar. No inmacula...

No es silenciarse.

 "Son miradas silenciosas que aman". Aman el salir de sí. Encontrarse los corazones que, unidos, cantan. Desafinar es lo normal. Poner todo de sí para entonar es complejo. Sin embargo, si me rindo, me pongo viejo. El Amor hace que todo se vuelva real. Estás, Jesús, en medio nuestro, cuando tenemos lugar para el encuentro. Desde la humillación por Amor hacia el silencio interior. No me malinterpretes, no es silenciarse, es, por medio de la caridad, amarse. "Es propio del que ama, el callarse y mirar, ya no es necesario hablar". Un corazón paciente y ardiente te pido no me dejes tirado,  ya que te amo demasiado, como para querer quedarme en el pecado. Pulime con tu sonrisa y, que esa dulce brisa, en mi descanso ilumine tu misericordia insigne. Virgen de mi alma, Madre mía, no me dejes sin tu amparo, al llegar al final del día. JR.

Sos su prioridad.

Qué hermosura oír el silencio de tu reino. Ver lo armonioso de tu siembra. Ver lo invisible. Escuchar tu silencio. Perseverar en tu delicadeza. Amar en los detalles, más que detalles, detallesitos. Ver tu gracia en lo simple; tu grandeza en lo minúsculo. Acompañar, estar. Una palma en el hombro, una mano en la mano. Un corazón cerca del otro: dos corazones juntos. Y… perdón que traiga esto a colación, pero… ¿y el estrés? ¿y el dolor? ¿los traumas? ¿qué pasó? ¿Estamos haciendo algo romántico del mal? ¿desapareció? ¿no existe el dolor acaso? Si te ponés a pensar en tu vida un segundo, seguro encuentres muchos males… No te frenes tanto en los males. No te enrosques al “ cuhete ”. “La paz empieza con una sonrisa” dijo alguien por ahí. Sin embargo, quien lo dice tiene arrugas en la cara. También se dijo hace dos mil años (más o menos): “¡La paz esté con ustedes!” … y no mires para otro lado cuando el que lo dijo te muestra sus llagas porque no lo hace para que llores ni te lamentes, lo ...

«Aquí estoy».

  ¿Me llamaste a estar con vos? ¡Sí, me llamaste a estar con vos! Y yo te digo: «¡Aquí estoy!». Con la frente en alto y los ojos llorosos con miedo, y a mil el corazón latiendo, las rodillas temblorosas van surgiendo: «Se ponen de pie los que van a ser admitidos». Con apariencia de lobo, e interior de cordero. Con pinta de altanero con ansias del mundo entero, adentro el miedo, anhelando te espero. Sin embargo pregonero, de tu Amor ser quiero. Mirando tus llagas de sangrado Amor herido, quiero ser testigo, de qué aún estás vivo. De pie en la Catedral expreso, mi voluntad y mi libertad, que por amor seguirte quiero, y servirte en toda tu comunidad. Es todo gracia y felicidad, lo que recibo de tus manos, para dar a mis hermanos, lo mejor de mi humanidad. Me conoces amada Iglesia, sabes de mis debilidades; sólo me basta la gracia, para poder darme con mis fragilidades. Y sólo así me preguntas: «Jonathan, ¿Estás?» Y de pie y voz en alto: « ¡Adsum! , Mi Iglesia amada, ¡Con la gracia de ...

Querida comunidad de San Nicolás. Gracias.

En ningún lado vi una búsqueda de Dios tan profunda, genuina y sincera a nivel comunidad, como acá en San Nicolás. Cuando llegué, confieso que lo hice asustado por la cantidad de gente que había y ni hablar de esas empanadas de bienvenida en el subsuelo con los jóvenes, que si bien fue hermosa, me dejó la cabeza aturdida de tantos nuevos rostros, nombres, risas, chistes… Ese día que llegué, me dije a mi mismo: “acá me voy a volver loco, no voy a llegar a conocer a nadie, son un montón…” Me quedé asustado, pensando que podía hacer yo acá.  Entonces, comprendí que no “tenía que hacer”, sino dejarme hacer y aprender. Aprender por sobre todas las cosas a estar. Yo creo firmemente y entrañablemente que Dios me llama simplemente a estar con Él y a eso me sentí llamado acá: a estar. Obvio que esto no fue un simple estar de brazos cruzados, sino un estar al modo de Jesús, aferrado a su Corazón. Y en este intentar estar vi como ustedes verdaderamente permanecen en Jesús, con el mismo modo d...

Sólo no se vive.

  Sólo no se vive. Se vive mejor acompañado. Acompañado no de cualquiera. Cualquiera podría dejarte en un vacío. Un vacío en soledad. Soledad habitada diría alguno. Alguno entendió que en la soledad en la que lo dejó un cualquiera, había alguien. Alguien que quedó sólo por abrazar a los cualquieras, y amarlos hasta el extremo. Extremo Amor con forma de Cruz. Cruz que acompaña y salva. "¡Salva-te a ti mismo!", le gritaban. Le gritaban eso y muchas cosas más. Más no comprendían que era, es y será por ellos quien en esa Cruz colgaba. Colgaba a su lado un "ladrón bueno". Bueno fue lo que se robó al llegar al final de su vida. Su vida anterior no fue nada ejemplar. Ejemplar fue el valor que tuvo de reconocer al Señor. Señor que le dijo "Hoy conmigo en el Paraíso vas a estar". Estar con el Señor a fin de cuentas es mejor. Mejor que no dejar de mirar el propio pecado. Pecado que ya está redimido por mirar a Jesús. Jesús que nunca abandonado y solo me ha dejado. J...

¡Qué bello podría ser el mundo!

"Una tarde que nos hallábamos descansando sobre el piso de nuestra barraca, muertos de cansancio, los cuencos de sopa en las manos, uno de los prisioneros entró corriendo para decirnos que saliéramos al patio a contemplar la maravillosa puesta de sol y, de pie, allá afuera, vimos hacia el oeste densos nubarrones y todo el cielo plagado de nubes que continuamente cambiaban de forma y color desde el azul acero al rojo bermellón, mientras que los desolados barracones grisáceos ofrecían un contraste hiriente cuando los charcos del suelo fangoso reflejaban el resplandor del cielo. Y entonces, después de dar unos pasos en silencio, un prisionero le dijo a otro: "¡Qué bello podría ser el mundo!" ( «El hombre en busca de sentido», Victor Frankl) . ¡Pero si lo estás viendo hermano! ¡El mundo es bellísimo! Sus montañas, sus colores, sus vientos, sus árboles, su nieve, sus ríos, sus animales, sus nubes, sus estaciones, sus personas, sus plantas, sus cantos, sus brisas, sus mares, ...